La Claqueta del Outsider
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Cine y Series

Dumbo, otro inadaptado en el circo de Burton

Los que dicen que Dumbo no parece una película de Tim Burton no han visto gran parte de su filmografía. Sus últimas películas, al igual que Big Fish en su día, tienen mucho colorido, dejando a un lado la oscuridad y los ambientes tenebrosos que tanto gustan a su público, sin perder, en ningún momento, el barroquismo de su cine. La secuencia de la entrada en Dreamland, sin ir más lejos, es un exceso ornamental burtoniano por antonomasia. El lujoso coche entra en escena como Kennedy en las calles de Dallas mientras los integrantes del parque temático sobrecargan el paisaje de manera coreografiada, como si bailaran un burlesque con Marilyn Manson en su mOBSCENE. Tampoco falta el recurso de las nubes, nadie como él fotografía los cielos con sus nubes, bien en grises y cerradas noches encapotadas o, como en este caso, en un atardecer anaranjado con Colin Farrell como figurante.

Es magistral la manera en la que el californiano lleva a su terreno un guion Disney y una figura tan afable como Dumbo. El universo Burton está lleno de inadaptados y raros, fiel reflejo de lo que fue su infancia. Dumbo tiene mucho de esos personajes, recordando especialmente a Eduardo Manostijeras, la banda sonora guía nuestra mente hacia ello. Tanto el resto de personajes de la cinta como los espectadores le miran con pena y compasión durante gran parte del metraje hasta que empieza a volar con sus orejotas y la compasión pasa a ser fascinación, como si estuviera cortando setos en forma de dinosaurio. El director nos viene a decir «soy Tim Burton, un tipo raro que hace cosas diferentes, puedes mirarme con compasión y desprecio o puedes disfrutar de mi cine», como haría la niña de Dumbo, la primera en captar la magia que provoca una simple pluma en la trompa del elefante. La relación de Milly con Dumbo nos evoca a la que tuvo Elliot con E.T., con vuelo incluido, esta vez sin bicicleta.

La película contiene otros mensajes más mainstream. En tiempos de muros, lanza la cuña racial con sutileza, el circo es una torre de Babel en la que la gente se gana la vida como buenamente puede. Por otro lado, la moraleja Disney, que viene de la mano de Danny DeVito y su guiño animalista para cerrar el telón.

El reparto cumple. Geniales Michael Keaton y DeVito, haciendo de villano y antihéroe respectivamente (recordemos que ya fueron Batman y el Pingüino en 1992). Bastante mediocre Colin Farrell, que vuelve a no decir nada. Un tipo del que ni Woody Allen ni Tim Burton han sacado nada, tiene difícil solución. Eva Green, la nueva musa de TB, está bien pero los fieles preferimos a Helena Bonham Carter. Y también a Johnny Depp, al que echamos bastante de menos en estas genuinas jaulas de grillos. ������������������������������������������