La Claqueta del Outsider
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Deporte

El Niño Torres, la leyenda contracultural

Corría el año 2001 cuando un niño con aspecto de irlandés debutaba con el Atleti en una de las épocas más oscuras del conjunto roji

Corría el año 2001 cuando un niño con aspecto de irlandés debutaba con el Atleti en una de las épocas más oscuras del conjunto rojiblanco. Quedaban pocas jornadas y no se logró el ascenso, que llegaría el año siguiente, con el espigado delantero asentado en la primera plantilla. En esos años, Torres se convirtió en mucho más que un buen futbolista, era un fenómeno social. Protagonizaba anuncios, las adolescentes forraban las carpetas con sus fotos y se permitía el lujo de compartir escena con Natalia Verbeke en el videoclip de una banda que llenaba estadios en sus conciertos. A pesar del bullicio que generaba su figura Superpop, Fernando siempre mantuvo los pies en la tierra y continuó siendo un tipo normal durante toda su carrera. Siendo todavía un crío, portaba el brazalete de capitán con la solera de los veteranos. El Atleti era una sombra de lo que había sido y de lo que es hoy día, pero Fernando Torres crecía de forma inversamente proporcional al club. Crecía tanto que rompió el techo a cabezazos y no le quedó otra que salir del club para seguir creciendo. El Niño hizo las maletas rumbo a la ciudad de los Beatles.

En Anfield encontró su hábitat natural. Un vestuario con numerosos españoles y un fútbol muy físico y veloz. Su primer año en Liverpool fue el mejor de su carrera. Metió 33 goles en 46 partidos y una demostración tras otra de poderío y destreza. Era un fútbol a tumba abierta, tejido a la medida de este fuenlabreño con facha de delantero alemán. En cuestión de 9 meses, «El Niño» se había convertido en Terminator y perforaba, con una voracidad licántropa, las redes de toda Britania. Lejos quedaba aquel teenager pecoso que jugaba los domingos a las 12 de la mañana en el Calderón. Pero la temporada no había terminado. La selección afrontaba la Eurocopa en un ambiente convulso, propiciado por el caos mediático de la polémica Raúl-Luis Aragonés. La prensa, en bloque, había tomado partido por Raúl y la selección apestaba a fracaso durante todo el preludio. Pero cuando la competición dio el pistoletazo de salida, España empezó a ganar y a convencer. Fue un triunfo coral, con muchos destacados, pero fueron los vigorosos cuádriceps de Fernando Torres los que sostuvieron el peso de 45 millones de gargantas en aquella épica jugada, la jugada que comenzó todo, la jugada que nos hizo grandes, la que nos hizo temibles, la que hizo frotarse los ojos a tantas generaciones de españoles que nunca habían visto a su selección pasar una eliminatoria de cuartos de final en una gran cita. El más alemán de los españoles había destrozado a Alemania, que era el Real Madrid de las selecciones europeas. Era su momento, Fernando Torres era el 9 de Europa.

Todo apuntaba a leyenda del fútbol mundial. Tras otro par de buenas temporadas tocando en el Cavern Club, comenzaron las lesiones. Entre sus virtudes se encuentra la profesionalidad al extremo. Dar siempre ese 110 % por cada camiseta que ha vestido, ha podido perjudicar a su salud física y, por tanto, a su rendimiento personal. La explosividad en su juego exponía mucho a Torres a lesiones musculares y nunca volvió a tener ese puntito que aniquilaba defensas lejos de las tablas. Tras su gloriosa etapa en Liverpool fue traspasado al Chelsea, donde su batalla con las lesiones se agravó y llegó a mermarle mucho mentalmente. Tras un paso efímero por el AC Milan, el niño que celebraba goles emulando a Kiko, volvía a la que siempre será su casa. El Cholo y el Profe Ortega le tenían guardado el uniforme y la ballesta para un último servicio. Sin ser el goleador de antaño, Fernando entendió a las mil maravillas lo que el equipo necesitaba de él y fue decisivo en los partidos más importantes de este exitoso lustro rojiblanco. Porque, títulos aparte, estos años han sido los mejores del Atleti que algunos hemos visto. Las exhibiciones de Torres en eliminatorias de Champions contra equipos como el Barcelona de Messi o el Bayern de Guardiola, quedarán para siempre en la retina de los atléticos y «no atléticos» que le admiramos.

Antes de esto, con la selección había vuelto a ser fundamental en la consecución del primer mundial en la historia de España y en la Eurocopa de 2012, en la que fue Bota de Oro. Pese a todo esto, siempre ha sido un jugador muy cuestionado en España, quizá por ser el jugador contracultural de esa selección española. Hubo un tiempo en que jugar en la selección y medir más de 1,68 era pecado. En cualquier caso, nada ni nadie podrá manchar la carrera de uno de los jugadores más importantes de la historia de la selección española y del Atlético de Madrid. Te echaremos de menos, Fernando.

PD: Aprovecho la ocasión para mandar un mensaje a mi amigo E.S.R., que tiene mi camiseta del Chelsea de Fernando Torres desde hace 3 años. �����������������������������������������������������������������������������