La Claqueta del Outsider
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Cine y Series

Endgame, la épica de los postmilenials

Sin ser devoto de la factoría Marvel, aunque siempre he sido del Capitán América, me propuse hace unas semanas ver la saga de los Vengadores. Las dos primeras me parecieron aceptables, Infinity War dio un salto de calidad y Endgame es brillante.

Un guion mucho más ágil que los anteriores, fácil de entender para los que no somos fieles. La premisa está clara desde el comienzo y en ningún momento se hacen largas las tres horas de metraje.

Artísticamente enriquecedora, repleta de cultura pop. En los albores de la cinta, la parte más apocalíptica, disfrutamos de un paseo de Ant-Man por San Francisco que bien parece un pueblecito ochentero de Maine, descrito por Stephen King. El propio Ant-Man encuentra su nombre en la lista de desaparecidos por el chasquido de Thanos y empieza a ser consciente de la depresión leftoveriana que ha quedado en el remanente. Si has visto The Leftovers, ya estabas entregado a la causa vengadora. Ojo de Halcón tiene una pelea en un escenario ciberpunk donde lo mismo te podrías encontrar a Bill Murray entrando en un Karaoke con su viuda negra, que a Deckard buscando replicantes. Esta borrachera de referencias cinematógraficas se encumbra con un Thor fuera de forma, disfrazado de «El Nota», mítico personaje de los hermanos Coen. Los Russo, que también dirigen a cuatro manos, aprovechan la nihilista nueva vida de Thor para retratar a los postmilenials que gastan su vida entre cervezas, porros y fornite, cultivando barriga y un cerebro inocuo.

Tras ponernos en situación y demás abalorios, empieza a sonar el Doom and Gloom de los Stones y la misión de las gemas de Thanos, el villano con más carisma desde Darth Vader, se pone en marcha, una misión con varias subtramas y en la que todos juegan un papel importante. Ninguna de las intervenciones de los héroes resulta forzada. La recta final de la película es un festín visual y emocional en el que destaca la importancia del equipo por encima de las individualidades. Un poema épico, como los de los clásicos griegos, adaptado a la generación Z, que igual no está tan vacía como pensamos los ya «puretas del milenialismo». Nuestros abuelos tuvieron los western de John Ford, nuestros padres las de romanos y Vietnam, nosotros aprendimos con Máximo Décimo Meridio y William Wallace que podíamos perder la vida, pero nunca la libertad. Hoy, es el Capitán América el que anima a la new wave a no renunciar nunca a un último baile. Gracias a Thanos y Los Vengadores, la épica ha envejecido como un Vega Sicilia del 64.