La Claqueta del Outsider
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Green book: El libro de los prejuicios

(CONTIENE SPOILERS) Como cada año, la entrega del Oscar a mejor película trae consigo discrepancias.

(CONTIENE SPOILERS)

Como cada año, la entrega del Oscar a mejor película trae consigo discrepancias. Nunca llueve a gusto de todos pero se han dicho demasiadas estupideces, en las postrimerías de la gala, sobre la ganadora. Entre otras cosas, que es facilona, suave, dulzona y que ha ganado porque el racismo es el tema central de la trama. Esto último ya se dijo en el plató de Movistar Plus, donde los tres contertulios hicieron campaña contra la película, de manera reiterativa y poco elegante. Prejuicios y más prejuicios, como los que nos relata Green Book.

Tony, un italoamericano que primero da y luego pregunta, es el chófer de Don, un distinguido pianista de raza negra. El trasfondo racial es el epicentro, pero es realmente una moraleja sobre los tópicos de unos y otros. Durante la mayor parte de la película son continuos los desprecios de blancos a negros, especialmente en la gira sureña, donde todavía no se había superado la abolición de la esclavitud. Pero, a mitad de metraje, Farrely nos muestra que los prejuicios disparan en ambas direcciones. Una vez establecida la relación empática entre los protagonistas, Tony desnuda la arrogancia de Don, tan refinado y clasista como cualquier confederado adinerado de Alabama. Don había estado tratando a su chófer con la misma superioridad moral que le habían pagado a él, los blancos, en cada motel o actuación. Y es este bravucón sin modales el que abre la mente al artista, tras una discusión en el Cadillac Sedan del sesenta y dos, el fascinante coche en el que Viggo Mortensen y Mahershala Ali se dan un festín interpretativo. Se palpa que ambos están disfrutando de sus personajes.

Todo en Green Book es brillante, hasta el guiño a “Balas sobre Broadway” donde Chazz Palminteri era un tosco matón con una sensibilidad y talento ocultos para las artes escénicas. Una muestra más de que las cosas no son siempre lo que parecen, que bajo las pieles y ropajes todos tenemos un corazón y un cerebro con verso libre que no entiende, o no debería, sobre razas ni escalas sociales. Decía Pepín Bello que “sólo hay una cosa más estúpida que el ser humano en general, cada hombre en particular”. Una lección que Tony y Don aprenden en el trayecto de una gira en la que forjaron esta sempiterna amistad.

Te levantas de la butaca con una sensación de bienestar desbordante. Por segundo año consecutivo, a mi modo de ver cine, la mejor película gana el máximo galardón.