La Claqueta del Outsider
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Cine y Series

La fibra Eastwoodiana

Sin ser una obra mayor, Richard Jewell es otra buena película de Clint Eastwood. Como viene siendo habitual en la trayectoria del cineasta californiano en los últimos veinte años, la ética humana (o la ausencia de ella) vuelve a ser el centro neurálgico sobre la que se sustenta el film. La figura del casi extinto héroe anónimo que perseguía el sueño americano se enfrenta a gente sin escrúpulos, cuya única meta es trepar sin mirar a quien pisas por el camino, colgarse la medalla con inmediatez. El inicio de la cultura del click y el like ya mostraba su falta de decoro sobre los últimos retazos del papel amarillo. El origen de las fake news.

Eastwood es especialista en retratar la inmundicia y la tiranía de la sociedad que nos rodea. Para conseguirlo se apoya en un gran elenco entre los que sobresale, por un cuerpo de ventaja, el siempre brillante Sam Rockwell, uno de los actores de la década. Rockwell tiene el don de los grandes, ese magnetismo que hace que el espectador dirija su mirada hacia él cuando el plano se abre y comparte pantalla con los demás agentes del reparto. Otorga personalidad hasta en la manera de andar a cada personaje que interpreta. El resto del reparto mantiene el nivel notable de la película. El héroe convertido en villano genera empatía en todo momento, Kathy Bates resulta todo lo entrañable que Eastwood quiere que resulte, Olivia Wilde y John Hamm consiguen que odiemos a sus personajes y el pelirrojo de “El club de los poetas muertos” sigue siendo una rata de cloaca, treinta años después.

Quizá estemos ante la película más políticamente incorrecta de Clint Eastwood. No sólo retrata a la prensa y a la sociedad, va directamente a por el FBI, aunque en el tramo final excusa al gobierno de Estados Unidos en palabras del abogado defensor: “No es el gobierno de Estados Unidos, son sólo tres capullos que trabajan para el gobierno”. Tira la piedra con sutileza.

El sello Eastwoodiano vuelve a estar en la fibra, emociona como pocos a través de la empatía generada por sus personajes. Vuelve a amortiguar los momentos más dramáticos con algún truco cómico y remata la cinta tocando fibra. Procedimiento muy reconocible en su extensa obra, jugando siempre con las emociones. Como diría Carolina Durante: “hace falta sentimiento”