Música
No te vayas lejos, Inés
Mucho antes del reggaeton, incluso antes de la ola de triunfomanía que censuraba Arma Blanca en su hoguera, hubo una banda diferente, una banda con frescura y descaro, llamada Los Fresones Rebeldes. No tuvieron mucho éxito pero fueron una de las primeras piedras de cromo y hierro sobre las que se construyó el indie español, que ahora goza su movida particular.
Eran los noventa. Las teenagers buscaban diez razones para odiarnos, querían ser Alicia Silverstone, para no quedarse fuera de onda hacían pompas con chicles de fresa y ensayaban coreografías de las Spice y Backstreet Boys, con unos ropajes que ellas no querrán recordar. Tuvieron fortuna, Facebook no llegó a tiempo.
Musicalmente quedaban cenizas poperas de los ochenta, Calamaro se había quedado de Rodríguez, coronándose con la Honestidad Brutal que le caracteriza, y el Brit Pop nos invadía para quedarse con los gamberros Gallagher como punta de lanza. Maná, La Oreja de Van Gogh, Melón Diesel o M-Clan, mucho Pop Rock. Esta retrospección me hace ver que los 90 no eran tan malos como pensaba.
Todavía había mucha música en televisión, la videofórmula había llegado a su cénit y cada sábado por la mañana contábamos del 40 al 1 desde el sofá. En aquellos años, cambiamos la peonza por el discman, las últimas peonzas que bailaron con opulencia. De todas las canciones que sonaron en aquellos dispositivos, hay dos que nos trasladan al espíritu de aquellos años locos, dos himnos de lo que Pepsi denominó «Generation Next»: Devil came to me de Dover y Al amanecer de los Fresones Rebeldes.
Esta última perduró en el tiempo como himno generacional en rincones exquisitos de diversa índole. Lo mismo sonaba en un antro malasañero que en el garito clasista de turno donde un servidor acudía con el equipo rosa, soplando nuestro flequillo, que dificultaba la visión del ojo derecho, abriéndonos paso con las borlas de los castellanos. Bendita juventud.
Dover hizo carrera, Fresones Rebeldes tuvo una vida efímera, pero intensa. No sabemos cómo de intensa fue la vida de Inés Bayo pero ha sido demasiado corta. Hasta hoy no sabía su nombre, ni siquiera ponía rostro a Inés, pero me ha impactado la noticia como si la conociera de toda la vida. Sin duda, nos dejó su huella al amanecer. Maldita madurez.
Cuando murió Stan Lee, se publicó una emotiva ilustración con todos los superhéroes de Marvel rodeando la tumba de su creador. Inés era ilustradora, seguro que le gustaría ilustrar a Los Punsetes, a La Casa Azul, Triángulo de Amor Bizarro, Ellos, Columpio Asesino, y tantos otros que siguieron su estela, brindando por ella en el Ochoymedio.
Lejos es muy lejos para ellos.