La Claqueta del Outsider
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Cine y Series

Un Joker espeluznante

Se cumplen 30 años del Joker de Jack Nicholson, un Joker con aires de Bitelchús, tan peligroso como cachondo, que bailaba con Kim Basinger a la luz de la luna. Casi 20 años después, disfrutamos de un Joker convertido en figura de culto. La prematura y controvertida muerte de Heath Ledger contribuyó a agrandar la leyenda de su magistral interpretación. Hace unos años, Jared Leto se unió a la lista con una digna interpretación, pero muy lejos de las expectativas que se habían creado en torno a ella. A su favor podemos decir que Escuadrón Suicida tenía mucho menos calidad que las pelis de Batman, y no tenía a Burton o Nolan detrás de la claqueta.

Estos Jokers eran muy homogéneos. Divertidos, sarcásticos, bastante dinámicos y muy poderosos. Incluso cabreados o matando a alguien continuaban sonriendo, manteniendo todo bajo control. El Joker de Joaquin Phoenix, que hoy ha visto la luz para el gran público, es la antítesis de los anteriormente mencionados. Incluso descojonándose de risa, permanece cabreado y con el ceño fruncido. Se ríe por impulsos debido a un trastorno que no puede controlar, de manera espasmódica e involuntaria. Le han obligado a no olvidarse de sonreír pero él preferiría no hacerlo. En un momento de la película tacha el «forget» de un cartel que reza «don´t forget smile», declaración de intenciones de nuestro personaje que, durante casi toda la película, es más Arthur que Joker.

Arthur es un paria, un inadaptado maltratado por sus circunstancias. A su trastorno se une la ausencia de la figura paterna y una madre adoptiva con las facultades mentales a dos metros bajo tierra, obsesionada con Thomas Wayne, al que el director nos quiere mostrar como un Donald Trump de Gotham.

Aparte del personaje, la película es una delicia desde los primeros planos en movimiento, donde vemos la crudeza de los sumideros de la clase media-baja de Gotham. Ese metro, esos ascensores y pasillos sin alma son un espejo de los suburbios neoyorquinos de las pelis de Scorsese, fuente de la que mana la inspiración de Phillips, de manera inequívoca. Unas calles que dan miedo y seducen a la vez, como el olor a pizza cuatro quesos en las cloacas de Las tortugas ninja.

Además del retrato urbano, la narrativa es muy Scorsesiana. Una trama exquisitamente lenta, contada de manera elegante, describiendo todas las costuras del personaje y cuando parece que no pasa nada, un puñal al cuello, unos sesos en la pared y quítame allá esas pajas. Un híbrido con paladar de terciopelo, ahúnando cosas de «Malas calles», «Taxi Driver» o «El rey de la comedia». En esta ocasión De Niro es el cómico bueno.

Encontramos numerosos ingredientes políticos que caricaturizan al sistema y a sus detractores, como ya hiciera V de Vendetta en su día. La gente de Gotham está tan cansada de cómo van las cosas que ve el clavo ardiendo al que agarrarse en cualquier mensaje populista que amenace con cambiar el establishment. Suena familiar. Por un lado el capitalismo salvaje representado por Thomas Wayne, un tipo arrogante y clasista. Por otro, los antisistema que celebran, en su 15-M particular, el asesinato de tres ejecutivos erigiendo a su asesino como nuevo líder, un tarado que reconoce no querer saber nada de movimiento político alguno pero… pasaba por allí. Phillips describe una sociedad enferma, que da de lado a personajes enfermos como Arthur. En uno de sus breves momentos de lucidez, Arthur sentencia que «lo peor de tener una enfermedad mental es que la gente espera que te comportes como si no la tuvieras». El director nos guía a buscar más empatía como la que muestra el enano con Arthur, tal vez así, estos enfermos llevarían mejor sus trastornos.

La banda sonora es portentosa, realizada por una compositora islandesa de apellido impronunciable (Hildur Guônadóttir), con un estilo muy parecido al de Hans Zimmer, haciéndose notar vehementemente en las escenas de máxima tensión y drama, donde cada nota se funde con la historia. En las escenas más «divertidas» también escuchamos a Cream, Jimmy Durante o Sinatra, al que también rinde tributo entre bailes y escaleras.

Mencionando lo «divertido» de la película tengo que tirar de comillas porque nada es plenamente divertido, no hay lugar a la relajación del espectador. El personaje es tan cotidiano y vulnerable que dan escalofríos. Si algo diferencia a este Joker de sus antecesores es eso, el realismo del villano. Nunca habíamos visto tanta tristeza, dolor y desesperación en una persona riendo a carcajada. Lo que ha hecho Joaquin Phoenix con este personaje es una proeza que pasará a la historia del cine. Un Travis Bickle que camina como Jack Torrance persiguiendo a su mujer y a su hijo, sin necesidad de hacha y nieve para instaurar la angustia en el espectador. Es espeluznante, como toda la película. Lo más aterrador de este Joker es que dos calles más allá de tu casa, puede haber un tarado que un día decida dejar de tomar su medicación y disfrazarse de payaso en Halloween.

Sorprende que Todd Phillips, un tipo que había destacado por la trilogía de Resacón en las Vegas, tuviera en su cabeza una obra maestra de esta magnitud.